lunes, 28 de marzo de 2016





Sociedad descompuesta
Por FRANCISCO DURAND
Artículo publicado en el semanario “Hildebrandt en sus Trece” el viernes 4 de setiembre del 2015. Reproducido por su importancia para el momento presente de la sociedad peruana.

Nuestra sociedad (la manera como nos organizamos colectivamente para vivir en paz en este territorio llamado Perú) está descompuesta. Este lamentable estado rige a pesar de que tenemos una Constitución y cientos de leyes, que en parte se emiten para tratar de mejorar, creyendo ingenuamente que así arreglamos los problemas. En realidad, no son las normas sino el comportamiento social y las instituciones los que deben cambiar. Recordemos aquello de hecha la ley, hecha la trampa. A más leyes, igual descomposición social. Pocos las respetan, la mayoría finge hacerlo o la desafían abiertamente.

La comprobación fehaciente que tenemos este gran problema nos debe llevar a reflexionar y plantear una recomposición. La pregunta es si tenemos a la gente con la voluntad y la capacidad para emprender esta larga y complicada tarea.

Crisis valorativa

Uno de las manifestaciones de una sociedad descompuesta como la peruana actual es que el país ha perdido un sistema de valores social y nacional sin reemplazarlo por otro mejor. Esta pérdida ha ocurrido lenta pero persistentemente desde los años 1950 a la actualidad y se ha acentuado hasta llegar a niveles inaceptables en las últimas décadas. El viejo sistema de valores que ponía el énfasis en “el respeto a los mayores” o los “preceptos de la Santa Madre Iglesia” ha perdido vigencia. Tampoco el “amor a la patria” o el sentido de entrega de la militancia política para dirigir a los más pobres hacia la redención social que practicaron los viejos partidos, empezando por el APRA  y siguiendo por las izquierdas, se han mantenido. La mística sindical ha desaparecido con los sindicatos. Estos viejos sistemas valorativos de los hogares, la iglesia, las fuerzas armadas o los antiguos partidos y organizaciones sociales se debilitaron sin dar lugar a otros mejores y más universales. Ergo, se generó un vacío valorativo. Como ya no hay reglas sociales ni instituciones viables (salvo en pequeños bolsones), cada cual hace lo que le parece, así haga daño a los demás. Lo que rige entonces son antivalores expresados en un comportamiento trasgresor, en un individualismo extremo que se corresponde con el capitalismo salvaje que tenemos.

Las causas

Esta crisis valorativa empezó mientras el país se fue “modernizando” a medida que la migración se acentuó y se triplicó la tasa de crecimiento poblacional. El Perú se urbanizó alocadamente y luego el campo también terminó siendo afectado por las presiones consumistas de todo tipo. En los años 1980 entraron en acción varios factores de crisis que acentuaron una cultura de trasgresión normativa, preparando las condiciones para que desaparezcan los viejos valores sin reemplazarlo por un republicanismo ciudadano.

Primero, fue la recesión económica que vino con inflación, iniciándose en el segundo gobierno de Belaunde y agravándose con el primer gobierno de Alan García. La gran crisis generó desempleo masivo, devastó las formas de sobrevivencia y empujó a la población a agenciarse ingresos de cualquier manera, haciendo mil oficios, así no fueran legales.

A la recesión se juntó un segundo factor, la erupción de la corrupción. Este proceso fue generalizado pero se agravó desde la presidencia de García en 1985-1990 y no ha parado desde entonces. Lo confirma la sucesión de bandidos presidenciales que, con la excepción de Valentín Paniagua, se han mantenido en el poder hasta la actualidad. Ellos dieron la señal que el Estado y los recursos públicos, las funciones públicas, el cargo y el uniforme, podían servir para enriquecerse y luego salir de compras. Ser autoridad era un mecanismo efectivo para depredar los bienes públicos y usar el cargo para extorsionar a los peruanos que tuvieran la mala suerte de no tener papeles en regla o ser enjuiciados.

El tercer factor tiene que ver con los modelos económicos, que empujaron a gran parte de la masa trabajadora a la informalidad y la delictividad, generando junto con la recesión y la corrupción estatal la base estructural de la trasgresión institucionalizada. La migración y el crecimiento poblacional generaron una fuerza de trabajo abundante que el sistema mismo no podía emplear. El modelo estatista y de protección de mercado, acentuado con Velasco y continuado hasta el primer gobierno de García no lo resolvió, sucumbiendo en la recesión de los 80.

Fracaso neoliberal

Luego vinieron los neoliberales en 1990, que sostuvieron (entre ellos De Soto, el teórico de la informalidad urbana) que con mercados abiertos y desregulación se generaría una dinámica de mercado que acabaría con la informalidad, que con reformas como la titulación y la eliminación de barreras burocráticas se sentarían las bases de la modernidad. Lo que en realidad ocurrió fue un reparto de los activos estatales a grandes grupos de poder económico y las transnacionales y grandes oportunidades especulativas como la recompra de los bonos de la deuda externa y un consumismo desenfrenado.

Con el modelo libremercadista, y la bonanza exportadora 2002-2012, se reactivó el extractivismo pero siendo intensivo en capital y escaso en generar empleo directo. Volvimos entonces a un modelo de crecimiento sin desarrollo, de nuevos ricos y nuevos pobres, también con una nueva clase media, pero con corrupción, en una situación donde la mayoría poblacional no entra a la formalidad y la mayoría de las autoridades roban y abusan, y donde quienes han ascendido socialmente corren el riesgo de hacer el camino de vuelta apenas termine la bonanza. Ese momento ha llegado.

Con el consumismo que vino con la recuperación y la apertura, se reforzó una cultura de individualismo salvaje hoy predominante. Las reformas neoliberales aceleraron entonces una tendencia a comprar para satisfacer un deseo reprimido de consumo, con deudas crecientes y sin dar prioridad a las necesidades básicas de las familias. En medio de las reformas neoliberales se entronizó el principio del lucro incluso para actividades como la educación (siguiendo un plan del Banco Mundial), apareciendo colegios y universidades que vendían títulos sin verdadera instrucción profesional. De allí ha surgido una nueva generación de rectores millonarios, destacando uno que tiene aspiraciones presidenciales y que hace política diciendo: hay plata como cancha. Habla incluso de una nueva raza que es, supongo, la raza de los trasgresores.

Las instituciones políticas y la representación han seguido asimismo una tendencia declinante. Ha aparecido una nueva generación de políticos plutócratas que sostienen que la plata llega sola y toda clase de otorongos en el Congreso. Una mayoría de alcaldes y no pocos gobiernos regionales viven de la coima. Los medios de comunicación de masas no se quedan atrás. Esta regresión cultural se expresa en la prensa basura y la televisión basura, que refuerzan esa actitud trasgresora e individualista salvaje.

Al fallar el modelo económico y tener una clase política y medios de comunicación de masas que expresan la nueva cultura logrera, la informalidad ha crecido, extendiéndose a provincias y luego a los espacios rurales, que también han caído presa del consumismo, acelerando la disolución de las viejas costumbres y del poco respeto a los mayores que quedaba. La piratería de música y videos experimentó un enorme desarrollo, al igual que el contrabando tipo “culebra”, organizado por mafias internacionales que entran por Puno. La bonanza incentivó no solo a las grandes empresas formales (suerte de lunares de modernidad que dominan los sectores más rentables pero que son una suerte de enclave) sino también a las delictivas, acentuando y extendiendo a todo el territorio la descomposición social. Aparecieron las mafias que explotan oro y trafican con mujeres y niños en la sierra de Puno y en los lavaderos de Madre de Dios, también los taladores ilegales de maderas finas que se concentran en Pucallpa. No faltan depredadores legales de los bosques amazónicos, incluyendo un “empresario checo” que está sembrando palma aceitera de la peor manera en Aguaytía. La producción de coca volvió a crecer y el Perú obtuvo el dudoso título de llegar a ser el principal productor de cocaína del mundo, generándose un nuevo corredor de la droga por tierra, río y aire hacia Bolivia y el Brasil. Cabe señalar que tanto las economías informales como las delictivas generan más empleo que las grandes mineras y petroleras, que los grandes bancos y fábricas, evidenciando las limitaciones del modelo económico.

Al mismo tiempo, estas nuevas mafias importaron métodos criminales del exterior, como el sistema de cobros de cupos al transporte patentado por la Mara Salvatrucha de El Salvador, el asesinato pagado con motos lineales de Colombia o el descabezamiento patentado por los carteles mexicanos. Nuevas pandillas aparecieron por todo el país, desbordando a la policía o quizás articulada a ellos en un sistema institucionalizado de reparto de ganancias. El crimen callejero se agravó en plena bonanza, indicando que no estaba asociado a la pobreza sino a una cultura de riqueza rápida y consumismo y de cadenas globales del crimen. El tráfico de armas, por su parte, aumentó la audacia de raqueteros y sicarios.

¿Es posible el cambio?

Existen dos maneras de atacar este problema para ir revirtiendo la condición de sociedad descompuesta y caminar a una sociedad recompuesta. El cambio debe venir de quienes no están comprometidos con esta lógica depredadora y trasgresora, sea en el Estado, ese grupo de funcionarios y tecnócratas que no forman parte de la descomposición, o de la propia sociedad, activando la famosa “reserva moral” que apareció fugazmente con Paniagua el 2000 y cuya tarea fue incompleta y que en buena parte ha sido revertida. El cambio, además lo deben planear y ejecutar peruanos, no entidades extranjeras.

El cambio entonces puede venir de arriba, desde las autoridades sanas y competentes, o de abajo, desde la mejor parte de la sociedad. Un optimista afirmaría que es posible, que tales potencialidades existen y que con un buen Estado y una mejor democracia se podría generar una moral republicana. Un pesimista argumentaría lo contrario, que es demasiado tarde, que el sector sano y responsable se está achicando; entonces el país estaría condenado y puede fácilmente convertirse en un narco Estado o en un Estado Fallido.

No descarto un tercer escenario. Que la descomposición se mantenga, avanzando o retrocediendo según nos toquen buenos o malos gobernantes, pero manteniéndose esencialmente los rasgos de sociedad descompuesta que ahora tenemos. ¿Qué nos espera en las elecciones del 2016?







sábado, 13 de octubre de 2012

12 DE OCTUBRE: DIA DE LA RESISTENCIA


12 de octubre Día de la resistencia

¡Fuera minería del Perú!

HUGO BLANCO

“El Perú es un país minero” es una frase aparentemente axiomática que no necesita demostración.

Inclusive miembros del movimiento antiminero postulan por una “minería responsable”.

Nosotros afirmamos que la minería, fundamentalmene la moderna minería a tajo abierto, es la peor amenaza para la naturaleza peruana y por lo tanto para sus habitantes. Por eso consideramos que al conmemorar el día de la resistencia, debemos ser claramente anticoloniales y manifestar ¡Fuera minería del Perú!  

¿Planteamos el retorno al pasado?

Eso es imposible. Pero sí planteamos el retorno a los principios de la sociedad continental antes de la invasión iniciada un 12 de octubre.

La economía estaba orientada a cubrir las necesidades de la población.

En cuanto al gobierno de la sociedad, creemos que la única alternativa al actual gobierno del mundo en manos de empresas transnacionales, voraces de ganancia, es el retorno al gobierno de la colectividad, lo que existió antes de la invasión en gran parte de América (Esto ya no existía en México, Perú y en otras “sociedades avanzadas”).

No es posible volver al respeto de la naturaleza dentro del sistema capitalista, por eso propiciamos una sociedad colectivista, una colectividad de colectividades de toda la población, un “ayllu de ayllus” o como quiera llamársele.

Nuestro país tiene una naturaleza privilegiada:

De las 104 zonas de vida del planeta en el Perú hay 84.

Debido a que la cordillera andina va en sentido norte-sur, a la misma altura en el norte y en el sur, el clima es diferente.

El clima lluvioso del Perú oriental se diferencia del poco lluvioso occidente.

Como estamos en el trópico de capricornio nuestro mar debiera ser cálido, sin embargo el agua fría del sur es arrastrada por la corriente de Humbolt. Este movimiento horizontal provoca un movimiento vertical ya que el agua caliente tiende a subir y el agua fría a bajar. Esta dinámica produce abundancia de tipos de fitoplankton y zooplankton (plantas y animales microscópicos), Éstos alimentan a gran cantidad de variedad de peces.       


10 mil años de historia agrícola

La diversidad climática fue un paraíso para la diversidad de vida vegetal. Ello hizo que estemos en uno de los 8 centros de domesticación de plantas del mundo, nuestros antepasados domesticaron 182 especies, entre otras la papa con sus 3,000 variedades, la palta (ahuacate), la papaya, los frijoles, el maní, el tarwi o chochos (rico en proteína vegetal).

Hay algunas que fueron olvidadas por la “civilización” (la coca es perseguida) y que últimamente son “redescubiertas” por ella, como la maca (muy nutritiva), el yacón (dulce que no hace daño a los diabéticos), el ahuaymanto (producto de exportación), el sacha inches (cuyo aceite ganó en concurso en Francia al de oliva, pues contiene las grasas saludables omega 3, 6 y 9), la kiwicha o amaranto (alimento de astronautas pues en poco volumen encierra muchos nutrientes).   

En consecuencia hubo gran desarrollo de técnica agropecuaria: Las terrazas o andenes en laderas para evitar la erosión. Los waru-waru del altiplano, que son franjas de tierra intercaladas con zanjas, de modo que cuando llueve mucho las franjas de tierra no son inundadas, cuando llueve poco se riega con el agua depositada en las zanjas; además el calor del sol diurno es conservado por el agua y en la noche su emanación contrarresta el frío de la helada.

En Moray, Cusco, existe una gran concavidad con terrazas circunvaladas (parecido a una mina a cielo abierto pero contrario, pues es para la vida y no para la muerte), era un centro de aclimatación, las plantas de clima cálido se sembraban en el fondo, sus semillas se sembraban en el escalón superior, las semillas de éste en el siguiente. Así, sucesivamente, cada año iban subiendo. Se aclimataban al clima frío. Las semillas de clima frío se sembraban arriba y anualmente iban bajando hasta aclimatarse al clima cálido.

Se practicaba y se practica la rotación de cultivos, sabiendo que cultivar la misma especie año tras año daña el suelo.

Otra técnica sabia que imita a la naturaleza son los cultivos asociados (dos o más especies en la misma parcela).

Los extensos canales de irrigación se hacían en zigzag para evitar la erosión.

El maíz vino de México mucho antes que los invasores, por eso tiene nombre quechua (sara); los genetistas peruanos crearon infinidad de variedades.

También nuestros genetistas crearon muchas variedades de habas que fueron traídas por los invasores.

Para conservar la papa se la hiela y deshidrata (chuño). Este alimento es despreciado por ser  “comida de indios”.

La tierra no pertenecía a la gente, era la gente la que pertenecía a la tierra.

Hubo planificación agrícola a nivel tawantinsuyano, se disponía qué lugar era apropiado para cada variedad de cada especie. Si había un lugar bueno para la agricultura y faltaban brazos, se enviaba población (“mitimaes”).

Las comunidades de media altura enviaban rotativamente parte de su gente a las alturas a criar alpacas y otra parte al valle cálido a cultivar coca.

En Raqchi, Cusco, existen ruinas de gran cantidad de almacenes ventilados para guardar granos destinados a la población en la eventualidad de un mal año agrícola (sequía, inundación, helada, granizada). No había hambre ni miseria, estos fueron aportes culturales europeos.

En varios lugares, entre ellos Cusco y Cajamarca, hay hermosas ruinas del culto al agua.

El profundo desprecio racista que condena el culto a la naturaleza y sus productos, pues el fundamentalismo dice que “hay un solo Dios verdadero” (1) hizo que se maldijera una planta muy nutritiva y que precisamente por eso era muy venerada, la coca. Lograron erradicar su consumo en el Ecuador. A esa persecución ahora la denominan “combate al narcotráfico” y sirve para meter tropas yanquis en nuestros países. Se combate al pequeño productor de coca para el consumo directo, mientras se protege su producción a gran escala para cocaína en la selva, con el uso de agroquímicos que envenenan los ríos, con el visto bueno de la DEA y de “la embajada” que “no ven” las avionetas que transportan la droga al país que provee las sustancias químicas para extraer la cocaína, que es el primer consumidor del mundo y en el que se “lava” el dinero del narcotráfico.

En México y Perú se maldijo a la kiwicha o amaranto por la razón religiosa mencionada.

Se maldijo a la papa, al olluco, a la oca, al año, a la yuca, al camote, por estar debajo de la tierra, cerca al demonio.

La más maldita fue la papa, pues el demonio había hecho que tuviera el mismo nombre que el Santo Padre de Roma, por eso en España se lo cambiaron a patata (que fue el que pasó a otros idiomas como el inglés y sueco). Luego tuvieron que reivindicarla para que salvara del hambre a Europa, la reina de Inglaterra se puso una flor de papa en la solapa para ir a un baile.

El desprecio racista por la agricultura indígena continúa en la mayoría de nuestra población, Ollanta habla de que “tenemos una agricultura del siglo XIX” a pesar de que él protege a la agricultura depredadora del siglo XXI.


La agricultura hoy

A pesar de la discriminación racista colonial que continúa contra ella, a pesar de los múltiples ataques del sistema, sobrevive la pequeña agricultura, practicada por indígenas y no indígenas.

El referido ataque se da en múltiples formas:

Se califica de ocioso al campesino a pesar de que trabaja mucho para alimentarnos, trabajo por el que se le paga una miseria.

Se le arrebata el agua para darla fundamentalmente a la minería y también a las hidroeléctricas y a la industria alimentaria.

No hay atención estatal con capacitación, préstamos, reconocimiento de comunidades, atención a la salud, etc.

La pequeña agricultura no sólo no es atendida por el estado, sino que para servir al gran capital éste la combate alevosamente, lo que se traduce en ataque a la población peruana que es sanamente alimentada por ella.

Un fuerte ataque estatal es el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, debido a él sufrimos la importación de trigo transgénico subsidiado por el gobierno norteamericano, producido por grandes empresas yanquis.

Esto mata al pequeño productor peruano de trigo y otras harinas a quien nadie subsidia y por lo tanto vende a un precio más alto que la harina yanqui. Naturalmente que este cambio de alimentación sana con harinas producidas por nuestros pequeños agricultores a trigo transgénico yanqui, daña la salud de la población peruana.

Otro gran daño del TLC es la instalación de grandes empresas agroalimentarias para la agroexportación. Quitan la tierra y el agua de la pequeña agricultura que nos alimenta para cultivar fundamentalmente espárragos y alcachofas (que absorben gran cantidad de agua) para enviar a Estados Unidos y Europa. Además se les ha regalado una legislación especial para que puedan someter a condiciones infrahumanas a los obreros agrícolas. (En el exterior dicen en su propaganda: “Ayude al campesinado peruano, compre espárragos peruanos”).

Si las transnacionales y el gobierno a su servicio logran matar a la pequeña agricultura que nos da alimentos sanos, vamos a quedar en las garras de la “Agricultura del siglo XXI” “de última generación”, que nos envenenará con transgénicos y químicos. A esto se llama “progreso”, es el “progreso” hacia la muerte.

La invasión y sus remanentes HOY

Nos llamaron “indios” pues creyeron que llegaban a la India. Aún ahora somos despectivamente denominados “indios”.

La invasión produjo gran matanza de la población.

La actividad económica dejó de estar orientada a cubrir las necesidades de la población y pasó a ser la que necesitaban nuestros amos: La minería.

En esa actividad los sobrevivientes fueron sometidos a un sistema peor que el esclavismo, pues al amo le interesa la supervivencia de su burro y de su esclavo; al dueño de la mina no le importaba dicha supervivencia, pues recibía un número determinado de “indios”, si algunos morían no importaba, pues al año siguiente recibiría la misma cantidad. Los indígenas entraban a la mina y no salían de ella sino muertos. Esto causo suicidios e hizo que madres mataran a sus hijos para evitarles el sufrimiento. Esta fue una de las causas de la rebelión de Tupac Amaru II, después del levantamiento este abuso cesó, pero prohibieron usar la vestimenta nativa, hablar el quechua y recordar el pasado. El idioma fue más fuerte que la prohibición.

En la agricultura para el sostenimiento de la minería, los nativos fueron sometidos al servilismo, trabajaban gratuitamente, se les daba una pequeña parcela para que sobrevivan.

El servilismo continuó luego de la “independencia”.

Nos costó fuerte lucha, incluyendo la autodefensa armada, el inicio de la abolición del sistema servil en 1962, en La Convención, Cusco (la solidaridad internacional evitó que el sistema me condene a muerte por haber participado en ella).  

El tarwi o chochos, legumbre de alto contenido proteico es despreciado por ser “comida de indios”.

Dirigentes de la Confederación Campesina del Perú niegan ser indígenas.

Los “indios” defienden la agricultura, la gente decente “sabe” que el Perú moderno es y debe serlo cada día más, un país minero. 

Fue con la invasión y el sometimiento de nuestra población que se inició lo de “Perú país minero” y continúa siendo el símbolo de nuestra situación colonial.

Continuamos siendo colonia

Seguimos produciendo lo que nuestros amos de turno necesitan.

Luego de la “independencia” pasamos a ser colonia inglesa, produjimos lo que nuestros nuevos amos necesitaban, salitre. El guano de isla (excremento de las aves marinas), el mejor fertilizante del mundo, descubierto por nuestros antepasados, fue saqueado por capitalistas (consignatarios) para llevarlo a fertilizar los suelos de Inglaterra. Saquearon tanto que con el miserable impuesto que dejaban, el mandatario Ramón Castilla hizo muchas obras, por eso se le califica como “el mejor presidente del Perú”, por haber auspiciado el saqueo de nuestro tesoro agrícola.

En la selva se practicó el semi-esclavismo en la explotación cauchera, acompañado de depredación y masacres.

Luego del debilitamiento del imperialismo inglés debido a las 2 guerras mundiales pasamos a ser colonia de Estados Unidos, también producíamos lo que nuestros amos necesitaban. La agricultura se dedicó a la exportación de azúcar y algodón. También se impulsó la minería imperialista.  
              

Hoy

Somos colonia de las empresas transnacionales, continuamos produciendo lo que nuestros amos de turno requieren, no lo que necesita el pueblo peruano, con el agravante de que la tecnología moderna agrede ferozmente a la naturaleza y por lo tanto a la población.

Siguiendo la orden imperial la principal actividad es la minería a cielo abierto.

Este tipo de minería es excesivamente antiecológico pues debe hacer explosionar 4 toneladas de roca o tierra y envenenar el agua para extraer un gramo de oro. Si es nociva en cualquier parte, es criminal en cabecera de cuenca como el proyecto Conga en Cajamarca.


¿Minería responsable?

La minería es “responsable” para las empresas mineras, pues les provee de una gran cantidad de dinero que es el objetivo de ellas, puesto que su principio ético fundamental es “cómo ganar más dinero en el menor tiempo posible” (si sus nietos ya no han de tener agua esa será “una desgraciada consecuencia colateral inevitable”del cumplimiento de su sagrado mandamiento).

También es “responsable” para los gobernantes que reciben jugosos sobornos de ellas.

Son ellos quienes impulsan la minería, para convencerles de que no la practiquen en la forma que lo hacen, tendrían que demostrarles una forma de conseguir más dinero sin hacerlo, y eso es imposible para quienes hablan de “minería responsable”.

Ahora ya no hay vetas, de modo que para obtener los minerales la única forma posible de minería es haciendo explosionar toneladas de roca o tierra y usando sustancias químicas venenosas.

Pedimos que nos expliquen quienes promueven la “minería responsable”, cómo sería ella.

Pretender cambiar la ética de los empresarios o de los gobiernos sobornados por ellos es muy ingenuo o muy farsante.

Desde el inicio español la minería nos hizo daño: Huancavelica, departamento minero desde la colonia, es el departamento más pobre del país.

La refinería de La Oroya la convirtió en un paisaje lunar y es la población más contaminada del mundo.

Mapa de las "Concesiones mineras en el Perú" según información del Ministerio del Ambiente:




Otras agresiones de la “modernidad” al medio ambiente son las transnacionales de la industria alimenticia que matan el suelo con agroquímicos (fertilizantes, insecticidas, herbicidas). Al matar los insectos matan las aves. Además roban el agua de la pequeña agricultura (La irrigación de Olmos no es para los pequeños agricultores de Lambayeque, sino para las transnacionales).

Hay más ataques: La extracción de hidrocarburos, la depredación de la selva amazónica por la extracción de madera, por el cultivo de coca para la extracción de cocaína, el cultivo de palma aceitera para alimentar a los carros, la ganadería. La pesca de arrastre y otras.


Nuestra Futura Economía

La economía peruana debe estar orientada a satisfacer las necesidades de la población, lo cual tiene como primer requisito la protección de la naturaleza, que es a su vez la protección del nuestro gran tesoro, la multiplicidad de especies vegetales.

En primer lugar debemos cultivar, para alimentar a nuestro pueblo, las muy nutritivas especies que nos legaron nuestros antepasados y otras.

Ese gran tesoro también debemos aprovecharlo para la obtención de divisas: En Europa son muy apreciados los valiosos nutrientes peruanos.

Ahora que cada día más gente se da cuenta de que “el negocio de la salud” sólo favorece a la salud de los grandes laboratorios y otras empresas, que uno de los negocios consiste en curar un  mal produciendo otros; crece la revalorización de la medicina natural. En este aspecto es inmenso nuestro tesoro en las tres regiones naturales del Perú, especialmente en la selva. Recordemos que la quinina descubierta por los hermanos amazónicos salvó la vida del futuro Rey Sol de Francia.

Antonio Brack señala que en la Amazonía peruana hay 3 140 especies útiles, de las cuales 1 044 tienen uso medicinal. El Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP) catalogó 322 especies de uso medicinal.

Mencionemos algunas de las plantas medicinales más conocidas:

Achiote: Cardiotónico, cicatrizante, diurético y más de 10 otras aplicaciones.
Ayahuasca:
Anestésico local, estimulante de la memoria, vomitivo, laxante, mal de párquinson.
Cocona: Acaricida, abscesos, diabetes, mordedura de serpiente, picaduras de insectos, quemaduras y otros

Chuchuhuasi: Afrodisíaco, analgésico, adormecimiento de las extremidades, artritis, bronquitis, diarrea, gripe hemorroides, leishmaniasis o uta,  lumbago, reumatismo y otros

Hierba Santa: Sedante, bronquitis, caspa, dermatitis, diarrea, dispepsia, hemorroides y otros.

Sangre de grado: Antiséptico vaginal, cicatrizante, contraceptivo, afecciones dérmicas, anemia, cáncer, diarrea, extracción dental, faringo-amigdalitis, fiebre, gonorrea, hemorroides, paludismo, tumor, úlceras estomacales e intestinales

Ungurahui: Asma, calvicie, diarrea, gastritis, paludismo, TBC.

Uña de gato: Diurético, alergia, cáncer, cirrosis, disentería, dolor de ojos, infecciones urinarias, inflamaciones, mordedura de serpiente, neuralgias, reumatismo.

Verdolaga: Diurético, dermatosis, diabetes, dispepsia, fiebre, inflamación renal, jaqueca, quemaduras, tuberculosis pulmonar:

Curan el cáncer: Amargo, Marupá (Quassia Amara). Andiroba, Falso caoba (Carapa guianensis). Anamu, mucura (Petiveria alliacea). La calaguala o samambaia (Polypodium decumanum). Quiebra piedra, quebra pedra (Phyllanthus niruri). Uña de gato (Uncaria tomentosa). Congorosa, Espinheira santa (Maytenus ilicifolia). Lapacho (Tabebuia impetiginosa).

Para el turismo también debemos aprovechar la naturaleza.

Costa Rica que no tiene ruinas prehispánicas como atractivo, gana más dinero que el Perú por turismo, pues aprovecha para ello su biodiversidad. Entre otras atracciones tiene uno de los mariposarios más famosos del mundo. En el Perú tenemos más variedad de mariposas, más de 4,200 especies, el 20% de las especies existentes en el mundo (Costa Rica tiene el 18%).

Otra riqueza natural es la belleza del agua de las cascadas, de los ríos, arroyos, lagos y de las lagunas como las que pretende destruir el proyecto Conga (Yanacocha ya destruyó la laguna de la cual heredó el nombre).

La variedad de zonas naturales nos brinda diversidad de recursos aprovechables para el turismo (selva, nevados, quebradas serranas, puna, lomas verdes en la costa, manglares, etc.)  

La variedad de culturas indígenas es otra fuente desaprovechada para el impulso del turismo social.

En este día de la resistencia pensemos en dejar finalmente de ser colonia. Reiteramos: Orientemos nuestra economía en función de los intereses de nuestra población, lo que implica resguardar nuestra prolífica naturaleza. Por eso repetimos: ¡Fuera minería del Perú!

 HUGO BLANCO GALDOS

Nota

1)  La religión incaica no era fundamentalista, respetaba la diversidad. En la fiesta del dios sol (“Intirraimi”) desfilaban los diferentes pueblos con su vestimenta típica, con su propia música y con sus propios dioses),

 
Cusco, 12 de octubre del 2012

 


 

domingo, 2 de septiembre de 2012

LA ULLTIMA TRINCHERA


LA ULTIMA TRINCHERA

Publicamos la carta que envía Boaventura Souza dos Santos a las izquierdas, invitando a reflexionar sobre la absurda paradoja en que se ubican los movimientos considerados progresistas, marxistas incluidos, que persisten en los viejos paradigmas eurocéntricos de "desarrollo", en un momento en que el rumbo del capitalismo global hegemónico avanza raudamente hacia un modelo de "capitalismo feudal", habiendo logrado separar la economía de la política, encargando las decisiones económicas a los "técnicos" (señores), mientras que a los políticos se les encarga el manejo de los clientes (siervos), ya no ciudadanos. El "mercado" es la religión del presente, cuyo evangelio de progreso, inclusión y lucha contra la pobreza, cumple el mismo rol de "justificación de la misión civilizadora de los inversionistas", con la misma lógica con que los conquistadores cristianos arrasaron poblaciones y saquearon territorios, en los albores de la modernidad.
Frente a ello, nuestras últimas trincheras seguirán siendo nuestra propia capacidad de resistir y organizarnos con autonomía, frente al capital y al estado, construyendo territorios de Vida Plena o Buen Vivir.
 
OCTAVA CARTA A LAS IZQUIERDAS
 
Por Boaventura de Sousa Santos *
¿Quién podría haber imaginado hace unos años que partidos y gobiernos considerados progresistas o de izquierda abandonarían la defensa de los derechos humanos más básicos, por ejemplo el derecho a la vida, al trabajo y a la libertad de expresión y de asociación, en nombre de los imperativos del “desarrollo”? ¿Acaso no fue a través de la defensa de esos derechos que consiguieron el apoyo popular y llegaron al poder? ¿Qué ocurre para que el poder, una vez conquistado, vire tan fácil y violentamente en contra de quienes lucharon por encumbrar ese poder? ¿Por qué razón, siendo el poder de las mayorías más pobres, es ejercido en favor de las minorías más ricas? ¿Por qué es que, en este aspecto, es cada vez es más difícil distinguir entre los países del Norte y los países del Sur?

Los hechos
En los últimos años, los partidos socialistas de varios países europeos (Grecia, Portugal y España) mostraron que podían cuidar tan bien los intereses de los acreedores y los especuladores internacionales como cualquier partido de derecha, haciendo aparecer como algo normal que los derechos de los trabajadores fuesen expuestos a la cotización de las Bolsas de Valores y, por lo tanto, devorados por ellos. En Sudáfrica, la policía al servicio del gobierno del Congreso Nacional Africano (ANC), que luchó contra el apartheid en nombre de las mayorías negras, mata a 34 mineros en huelga para defender los intereses de una empresa minera inglesa. Cerca de allí, en Mozambique, el gobierno del Frente de Liberación (Frelimo), que condujo la lucha contra el colonialismo portugués, atrae la inversión de empresas extractivistas con la exención de impuestos y la oferta de docilidad (por las buenas o por las malas) de las poblaciones que están siendo afectadas por la minería a cielo abierto. En la India, el gobierno del Partido del Congreso, que luchó contra el colonialismo inglés, concede tierras a empresas nacionales y extranjeras y ordena la expulsión de miles y miles de campesinos pobres, destruyendo sus medios de subsistencia y provocando un enfrentamiento armado. En Bolivia, el gobierno de Evo Morales, un indígena llevado al poder por el movimiento indígena, impone sin consulta previa y con una sucesión rocambolesca de medidas y contramedidas la construcción de una ruta en territorio indígena (Parque Nacional Tipnis) para explotar recursos naturales. En Ecuador, el gobierno de Rafael Correa, que con coraje concede asilo político a Julian Assange, acaba de ser condenado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos por no garantizar los derechos del pueblo indígena Sarayaku, en lucha contra la exploración petrolera en sus territorios. Ya en mayo de 2003 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) le había solicitado a Ecuador medidas cautelares en favor del pueblo Sarayaku que no fueron atendidas.
En 2011, la CIDH le solicitó a Brasil, mediante una medida cautelar, que suspendiera inmediatamente la construcción de la represa de Belo Monte (que, de completarse, será la tercera más grande del mundo) hasta que fueran adecuadamente consultados los pueblos indígenas afectados. Brasil protestó contra la decisión, retiró a su embajador en la OEA y suspendió el pago de su cuota anual en la organización, retiró a su candidato a la CIDH y tomó la iniciativa de crear un grupo de trabajo para proponer una reforma de la Comisión, en el sentido de disminuir sus poderes para cuestionar a los gobiernos respecto de violaciones a los derechos humanos. Curiosamente, la suspensión de la construcción de la represa acaba de ser resuelta por el Tribunal Regional Federal de la 1ª Región (Brasilia), por la falta de estudios de impacto ambiental.

Los riesgos

Para responder las preguntas con que comencé esta crónica, veamos lo que comparten todos estos casos. Todas estas violaciones a los derechos humanos están relacionadas con el neoliberalismo, la versión más antisocial del capitalismo en los últimos 50 años. En el Norte, el neoliberalismo impone la austeridad a las grandes mayorías y el rescate de los banqueros, sustituyendo la protección social de los ciudadanos por la protección social del capital financiero. En el Sur, el neoliberalismo impone su avidez por los recursos naturales, sean los minerales, el petróleo, el gas natural, el agua o la agroindustria. Los territorios pasan a ser sólo tierra y las poblaciones que los habitan, obstáculos al desarrollo que es necesario remover cuanto más rápido mejor. Para el capitalismo extractivista, la única regulación verdaderamente aceptable es la autorregulación, la cual incluye, casi siempre, la autorregulación de la corrupción de los gobiernos. Honduras ofrece en este momento uno de los ejemplos más extremos de autorregulación de la actividad minera, donde todo queda entre la Fundación Hondureña de Responsabilidad Social Empresarial y la embajada de Canadá. Sí, Canadá, que hace 20 años parecía una fuerza benévola en las relaciones internacionales y hoy es uno de los más agresivos promotores del imperialismo minero.
Cuando la democracia concluya que no es compatible con este tipo de capitalismo y decida resistírsele, quizá sea demasiado tarde. Puede que, entre tanto, el capitalismo haya concluido que la democracia no es compatible con él.

¿Qué hacer?

Al contrario de lo que pretende el neoliberalismo, el mundo sólo es lo que es porque nosotros queremos. Puede ser de otra manera, si nos lo proponemos. La situación actual es tan grave que es necesario tomar medidas urgentes, aunque sea pequeños pasos. Esas medidas varían de país a país y de continente a continente, pese a que es indispensable articularlas cuando sea posible. En el continente americano la medida más urgente es trabar el avance de la reforma de la CIDH. En esa reforma están siendo particularmente activos países con los que soy solidario en múltiples aspectos de sus gobiernos: Brasil, Ecuador, Venezuela y Argentina. Pero en el caso de la reforma de la CIDH estoy firmemente del lado de los que luchan contra la iniciativa de estos gobiernos y por el mantenimiento del estatuto actual de la Comisión. No deja de ser irónico que los gobiernos de derecha que más han hostilizado al sistema interamericano de derechos humanos, como el caso de Colombia, asistan deleitados al servicio que, objetivamente, les están prestando los gobiernos progresistas.
Mi primer llamado es a los gobiernos de Brasil, Ecuador, Venezuela y Argentina para que abandonen el proyecto de reforma. Y especialmente a Brasil, debido a la influencia que tiene en la región. Si tienen una mirada política de largo plazo, no les será difícil concluir que serán ellos y las fuerzas sociales que los han apoyado quienes, en el futuro, más podrían beneficiarse con el prestigio y la eficacia del sistema interamericano de derechos humanos. Por cierto, la Argentina debe a la CIDH y a la Corte la doctrina que permitió llevar a la Justicia los crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura, que con sumo acierto se convirtió en bandera de los gobiernos de los Kirchner en sus políticas de derechos humanos.
Pero, como la ceguera del corto plazo puede prevalecer, llamo también a todos los militantes de derechos humanos del continente y a todas las organizaciones y los movimientos sociales –que vuelcan en el Foro Social Mundial y en la lucha contra el ALCA la fuerza de la esperanza organizada– a unirse para enfrentar la reforma de la CIDH que está en curso. Sabemos que el sistema interamericano de derechos humanos está lejos de ser perfecto, sin ir más lejos porque los dos países más poderosos de la región (Estados Unidos y Canadá) ni siquiera firmaron la Convención Americana sobre Derechos Humanos. También sabemos que, en el pasado, tanto la Comisión como la Corte revelaron debilidades y selectividades políticamente sesgadas. Pero también sabemos que el sistema y sus instituciones se han fortalecido, actuando con mayor independencia y ganando prestigio a través de la eficacia con la que han condenado numerosas violaciones a los derechos humanos: desde los años ’70 y ’80, cuando la Comisión llevó a cabo misiones en países como Chile, Argentina y Guatemala, y publicó informes denunciando los crímenes cometidos por las dictaduras militares, hasta las misiones y denuncias después del golpe de Estado en Honduras en 2009; para no mencionar las reiteradas solicitudes para que se clausure el centro de detención de Guantánamo. A su vez, la reciente decisión de la Corte en el caso “Pueblo Indígena Kichwa de Sarayaku versus Ecuador”, del 27 de julio pasado, marca un hito histórico para el derecho internacional, no sólo a nivel continental, sino también mundial. Tal como la sentencia en el caso “Atala Riffo y niñas versus Chile”, sobre discriminación por razones de orientación sexual. ¿Y cómo olvidar la intervención de la CIDH sobre la violencia doméstica en Brasil, que condujo a la promulgación de la Ley Maria da Penha?
Los dados están echados. A espaldas de la CIDH y con fuertes limitaciones a la participación de los organismos de derechos humanos, el Consejo Permanente de la OEA prepara una serie de recomendaciones para buscar su aprobación en la Asamblea General Extraordinaria, a más tardar en marzo de 2013 (hasta el 30 de septiembre los Estados presentarán sus propuestas). Por lo que se sabe, todas las recomendaciones apuntan a limitar el poder de la CIDH para interpelar a los Estados por violaciones a los derechos humanos. Por ejemplo: dedicar más recursos a la promoción de los derechos humanos y menos a la investigación de las violaciones; acortar los plazos de investigación para que se vuelva imposible realizar análisis cuidadosos; eliminar del informe anual la referencia a países cuya situación en materia de derechos humanos merezca una atención especial; limitar la emisión y la extensión de las medidas cautelares; terminar con el informe anual sobre libertad de expresión; impedir pronunciamientos sobre violaciones que parecen inminentes pero que aún no se han concretado.
A los militantes por los derechos humanos y a todos los ciudadanos preocupados por el futuro de la democracia en el continente les toca ahora detener este proceso.
* Doctor en Sociología del Derecho.
El texto corresponde a la “Octava carta a las izquierdas” del autor.
Traducción: Javier Lorca.