sábado, 9 de octubre de 2010

EL ARCAISMO DEL PREMIO NOBEL


EL ARCAISMO DEL PREMIO NOBEL

El premio Nóbel de literatura le ha sido concedido este año a Mario Vargas llosa. Más allá de sus méritos literarios, es necesario recordar lo que la personalidad del flamante premio Nóbel encarna. Para ello, es importante tomar como referencia su ensayo “La utopía arcaica, José María Arguedas y las ficciones del indigenismo”, centrado en la obra de J. M. Arguedas, en el que MVLL despliega sus propuestas no solo estético literarias, sino fundamentalmente su concepción del mundo y su visión política, que es la “modernidad homogeneizante” cuyo estadio actual es el capitalismo neoliberal. Su tesis es que la obra de Arguedas es “una hermosa mentira…porque surge de esta sociedad arcaica, rural, tradicional, mágica…”; frente a lo cual, propone hacer de este país “una Suiza”; propuesta que muchos, sin entender a cabalidad, respaldan.

En este ensayo, en el momento en que lo escribe, MVLL se muestra como el individuo escindido entre la realidad y sus deseos. Por eso le duele este país, que habiendo nacido en el, no entiende. No puede entenderlo porque la matriz de su pensamiento es europea, y quiere transformar este país, según el modelo europeo liberal.

Por el contrario, de José María Arguedas, podemos afirmar lo que Guillermo Lobatón afirmaba de Vallejo: “César Vallejo es poeta en tanto que es hombre; y hombre, en tanto que es revolucionario”. La integridad personal de Arguedas, fundía en un solo ser, al etnólogo, pedagogo y artista, con su experiencia vital y su visión del mundo. Su angustia existencial es de otra naturaleza y lo expresa en su duda: "¿He vivido en vano?"

MVLL, con la arrogancia que le caracteriza, arremete contra la barbarie del estalinismo, maoísmo, castrismo, chavismo, y todas las variantes ideológicas por el demonizadas. Pero es un caballero que anda medio tuerto porque solo ve al enemigo que le conviene y no, a todos los enemigos reales de la libertad.

Un mérito político de MVLL es haber señalado a la iglesia (la cruz) y a las fuerzas armadas (la espada), como los mayores obstáculos para el progreso de este país, en la medida en que ambas instituciones encarnan el pasado señorial. Pero olvida que fueron tres los socios de la conquista: la cruz, la espada, y el capital.

El capitalismo, en su versión neoliberal, es hoy, un arcaísmo. Lo es porque, a pesar de la incesante innovación tecnológica, las consecuencias inmediatas, concretas, sobre la naturaleza y la humanidad en particular, son inequívocamente regresivas. El capitalismo neoliberal es regresivo, porque nos ha traído de vuelta, ahora a escala global, a regímenes de control, manipulación y sumisión, que creíamos superados. En nombre de la LIBERTAD se privilegia la libertad de las corporaciones, la libertad del capital, en abierto perjuicio de la libertad personal y de los derechos ciudadanos. En nombre de la “competitividad” se condena a los trabajadores a la desocupación, exponiéndolos a la tentación del dinero fácil ofrecido por las mafias y traficantes de todo tipo, que se expresa en el crecimiento de los índices delictivos en todas partes. El capitalismo es regresivo, porque detrás de su retórica de "crecimiento económico" se agazapa el proyecto mortal de mercantilización de la vida, revestido con lenguaje equivalente al de la salvación de las almas y la conversión de infieles. El capitalismo es regresivo, porque en su irracional afán de crecimiento infinito, ha destruido la naturaleza y nos pone ante la inminencia de una catástrofe ambiental de consecuencias imprevisibles.

Hoy, sabemos que modernidad y colonialidad son anverso y reverso de un mismo proceso histórico que tuvo su origen aquí, en el espacio que hoy conocemos como América Latina, en el momento de su conquista y colonización. Que la razón última de nuestra postración es la colonialidad vigente; y que por lo tanto, la descolonización del pensamiento y la práctica social es el imperativo del momento: Pensar desde lo andino, para todo el mundo, para reorganizar nuestra existencia social.

Por estas razones, la visión de Arguedas, la cosmovisión andina, lejos de pretender la restauración de un pasado idílico, constituye la posibilidad de un futuro diferente, autónomo, propio; y en esa misma medida, la promoción del capitalismo, una regresión a etapas equivalentes a las de la acumulación originaria del capital.
CALIXTO GARMENDIA

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